Pienso…
pienso… sí pienso…. que las cosas
sucederán siempre siguiendo el plano previsto. Uno, dos, tres….. cuatro.
Pienso… pienso… sí pienso… que nada podrá cambiar. El balón rueda, rueda, rueda
y… rueda por la cuesta. Pienso… pienso… sí pienso… que la gente nunca dejará de decepcionarnos.
La piedra se hunde en el agua, se hunde, se hunde y… se sigue hundiendo. Y
pienso… pienso… sí pienso… que sería bonito equivocarse en este mundo oscuro y
cruel.
A veces
sueño. A veces sueño contigo, con tu belleza, con tu calor, con tus abrazos,
con tus reproches. Y cuando llenas mis noches duermo en paz, tranquila, mecida
por el sueño de la equivocación. Eres tan bella que no existes, y por eso te
tengo que inventar, que imaginar en mis sueños que se convierten en delirios.
Me gusta cuando te apareces en mis sueños. Quédate aquí conmigo, te hago un
huequecito en mi cabeza para que te instales, te dejo el control de mis sentidos,
dirígeme suavemente y con cariño, coge mis mandos y hazme despegar así… sí así…
con esa dulzura que solo tú sabes provocar, con ese cariño que aportan tus
caricias, con ese amor que transmiten tus besos. Qué bello es volar contigo, tú
dirigiendo los mandos, controlando las tormentas y yo aquí sentada al lado
tuyo, con los ojos cerrados y sintiéndome libre, tranquila, embargada por una
serenidad que recorre todo mi cuerpo y se instala en mi corazón. Sigamos
volando juntas, tú y yo, sigue, así, acércate a mi corazón ya bien entrada la
noche, ahora que todos duermen y nadie observa y dímelo…
“Te equivocas, mira por la ventanilla, ves, te
equivocas”
Señálame
los números que han dejado de contar, indícame el balón que ha dejado de rodar,
acércate al agua para que pueda coger la piedra que flota…
Luz, veo la
luz, abro los ojos poco a poco cegada por la luz que entra por mi ventana y me
resisto a despegar mis párpados mientras tú empiezas a aterrizar, suavemente, balanceándome
con cariño, rozándome con ternura pero… te alejas, no sé porqué pero poco a
poco vuelves a tomar el vuelo, apenas un instante has parado para que baje y
ahora de nuevo te alejas y te oigo susurrar algo que no entiendo cegada por el
ruido de la claridad. Intento taparme los oídos y me concentro en escucharte en
mi cabeza antes de que te vayas. Dímelo de nuevo, repítemelo antes de que
desaparezcas por completo, y entonces te entiendo con claridad…
LO SIENTO AMY PERO NO, NO TE HAS EQUIVOCADO.
Y entonces
me desperezo con tranquilidad, no tengo prisa, nada inesperado me espera. Uno,
dos, tres… cuatro. Rueda, rueda, rueda y… rueda. Cae, cae, cae y… cae.

