No se puede existir sin existir. No se puede sufrir sin sufrir, ni se puede llorar sin llorar. No se puede alterar el significado de las palabras por mucho que te empeñes. El destino no puede engañar al destino. ¡No, ahora no quieras ser tú quien no quiera oír! ¡Ahora no quieras ser tú quien no quiera escuchar! ¡No te atrevas a taparte lo oídos no! ¡Ahora no quieras ser tú quien quiera hacerme existir en contra de mi voluntad, en contra de mi destino, en contra de mis pensamientos!
Las palabras están cansadas. Las palabras están cansadas de hablar a oídos sordos. A oídos que no quieren escuchar, que no quieren entender. Las palabras están cansadas de hablar a corazones con oídos de piedra. A corazones que no necesitan latir para existir. Las palabras están cansadas de existir contra su voluntad. Las palabras están cansadas de mendigar en busca de refugio. Por eso no existo. Porque no se puede existir sin palabras.
No se puede existir sin pensamientos. No se puede existir en contra de tu propia inexistencia. No se puede existir en contra de un mundo que te lo niega, que te lo confirma, que te lo repite. Te digo que no, que no se puede existir en contra de un universo que te besa a penas rozándote, con un beso apasionado y a la vez superficial que te seduce y te conduce al abismo del infierno. Al acantilado al que caes sin miedo. Al fuego que te va quemando poquito a poco. A la hoguera que te va consumiendo con sus llamas que te acarician. Caricias que se te clavan como cuchillas pero contra las que no eres capaz de luchar. No, no eres capaz de luchar porque ya caíste. Ya estás en el fuego. Tú decidiste saltar. Tú decidiste abandonarte en los brazos de la seducción y dejarte llevar por el sonido de su voz que sonaba segura en unos oídos que no querían oír.
Por eso no existo. No existo porque he sido débil. Porque he caído en la tentación. Porque me he dejado seducir. Porque he permitido que anularan mi ser. Porque he dejado que convirtieran mi existencia en pedacitos de papel. Pedacitos en los que se esbozan palabras. Palabras que no encuentran su sitio en las frases de la vida. Palabras que quieren gritar y no pueden. Palabras que quieren huir del papel que las ata, que las ahoga, que las somete. Palabras que, al fin y al cabo, solo están cansadas.

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