Hablaremos de ello cuando estemos muertos

Cada 7 horas, 6 minutos y 5 segundos pienso en ti. Hablaremos de ello cuando estemos muertos. Cada 5 minutos, 6 segundos y 5 décimas de segundos te olvidas de mí. Hablaremos de ello cuando estemos muertos. La eternidad nos espera para poder ser sinceros, para decirnos los que ahora sentimos el uno por el otro y no nos decimos. Tu alma mirará a la mía de frente, mi alma hará lo mismo y así, una frente a la otra, sin miedo a herirnos mutuamente, sin miedo a las consecuencias, nos diremos la verdad, porque solo así, nuestras almas podrán descansar tranquilas. 

Cuando estemos muertos hablaremos de ello, porque ahora soy cobarde, porque ahora tengo miedo. ¿Miedo de qué? No lo sé, simplemente miedo. Quizá miedo al rechazo, miedo a no saber poner en palabras lo que siento, a que tú no me entiendas, a que tú me entiendas pero prefieras no entenderme, a que no me quieras a tu lado, a que no me necesites, a que me dejes sola, a que te alejes de mí... Miedo a todo, a todo lo que pienso y a lo que ni siquiera alcanzo a pensar por no entender. Por eso, mejor hablaremos de ello cuando estemos muertos, porque las almas son libres, dejan en el cuerpo todas las cadenas del miedo, se convierten en presencias etéreas sin miedos ni angustias, sin nada que les impida por fin ser quienes son, transmitir lo que son, rodear con su presencia a los que quieren y expresar todo lo que no se atrevieron a decir en vida. Así que, cuando estemos muertos hablaremos de ello. Mientras tanto, sufriremos en silencio, nos enterraremos en vida echando cada día un puñado de tierra al hoyo en el que reposa el ataúd que encierra nuestras vidas. Pero da igual, porque lo verdaderamente importante, es que hablaremos de ello cuando estemos muertos.

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