La felicidad de los que queremos nunca será real si nosotros somos infelices. Nada aporta más felicidad a un ser querido que vernos felices, ya que así se transmite felicidad, tranquilidad y confianza. Al principio sufrirán y no lo entenderán, pero luego se darán cuenta de la importancia del pozo para que sea posible que el círculo de amor creado por todos alcance, con todos sus componentes juntos, la luz. El acompañamiento emocional y la buena previsión de los pasos y medidas a tomar, así como el sostén emocional que acompañará a cada uno de los afectados en el cambio, supondrán el éxito de la salida del pozo con el menor sufrimiento posible.
Evitar el
sufrimiento a nuestros seres queridos autoinflingiéndonos un dolor mayor al que
nuestro cuerpo y nuestra mente es capaz de soportar, no será nunca el camino
que nos llevará al éxito. El no respetarnos como personas hará que nos hundamos
en las arenas movedizas que representan nuestras emociones, que nos irán engullendo
hasta ahogarnos en el barro, asfixiándonos de tal modo que dejaremos de
existir. Y una vez asfixiados por nuestras emociones, ya no habrá marcha atrás,
ya no podremos nunca volver a ser aquello que fuimos, y no seremos más que un
despojo de nosotros mismos, que no ayudará ni supondrá en modo alguno ningún
tipo de felicidad para aquellos que, en teoría, quisimos proteger. No seremos
más que una carga, una cadena de inseguridades que impedirá a nuestros seres
queridos llegar a experimentar en su propia vida la felicidad plena.



No hay comentarios:
Publicar un comentario