Una puntada, dos, tres…. Todo va bien, las puntadas que vas dando en la tela son
arte, van creando algo maravilloso, con sus fases y sus complicaciones. Acaba
una fase, cambias el hilo y sigues, una, dos, tres… ¡Qué bello lo que va
apareciendo poco a poco! Y sigues cosiendo, creando de donde no había nada una
preciosa tela llena de colorido y vida. ¿Recuerdas aquellas puntadas más
complicadas? Ahora las miras y te das cuenta de que son las más bellas, porque
aunque te pinchaste con la aguja una y otra vez intentando darlas, nunca
dejaste la tela de lado, y al final, conseguiste darlas. Sonríes, eso te hace
sonreír.
Pero de repente te paras, dejas de coser, ahora…, ahora…, ahora miras incrédula la aguja… “¡No! ¡No puede ser!” El tiempo pasa y tú sigues ahí, parada, mirando la aguja, pasas las horas, los días, los años, inmóvil, mirando la aguja… Estás paralizada, sin saber qué hacer, sin sentirte capaz de afrontar lo que tienes frente a ti, aunque no haya sido culpa tuya. Esperabas seguir encontrando puntadas difíciles que dar en la tela, pero esto no, esto te supera, y te quedas paralizada. Has perdido el hilo, sí ya no está en la aguja, has perdido el hilo de tu vida, y eso te aterra… ¿Cómo enhebrar de nuevo el hilo? ¿Cómo?
Cuando empezaste a coser te dieron ya el hilo enhebrado, y en cada fase, cuando cambiabas el hilo, te daban el nuevo hilo también enhebrado, pero ahora…. Nunca pensaste que esto pudiera pasar… ¡Piensa cómo enhebrar el hilo de nuevo! Pero eso no te interesa, porque te aterra, y por ello prefieres seguir así, paralizada, mirando la aguja sin hilo que mantienes en la mano y dejando pasar el tiempo… Pero el tiempo que pasa son puntadas que dejas de dar en la tela, belleza y felicidad que se pierden por no querer siquiera intentar enhebrar el hilo. Tal vez cueste, tal vez tardes tiempo en enhebrarlo pero, sin intentarlo, seguro que no lo conseguirás nunca. Nunca. Nunca. Nunca. ¡NUNCA!
Pero de repente te paras, dejas de coser, ahora…, ahora…, ahora miras incrédula la aguja… “¡No! ¡No puede ser!” El tiempo pasa y tú sigues ahí, parada, mirando la aguja, pasas las horas, los días, los años, inmóvil, mirando la aguja… Estás paralizada, sin saber qué hacer, sin sentirte capaz de afrontar lo que tienes frente a ti, aunque no haya sido culpa tuya. Esperabas seguir encontrando puntadas difíciles que dar en la tela, pero esto no, esto te supera, y te quedas paralizada. Has perdido el hilo, sí ya no está en la aguja, has perdido el hilo de tu vida, y eso te aterra… ¿Cómo enhebrar de nuevo el hilo? ¿Cómo?
Cuando empezaste a coser te dieron ya el hilo enhebrado, y en cada fase, cuando cambiabas el hilo, te daban el nuevo hilo también enhebrado, pero ahora…. Nunca pensaste que esto pudiera pasar… ¡Piensa cómo enhebrar el hilo de nuevo! Pero eso no te interesa, porque te aterra, y por ello prefieres seguir así, paralizada, mirando la aguja sin hilo que mantienes en la mano y dejando pasar el tiempo… Pero el tiempo que pasa son puntadas que dejas de dar en la tela, belleza y felicidad que se pierden por no querer siquiera intentar enhebrar el hilo. Tal vez cueste, tal vez tardes tiempo en enhebrarlo pero, sin intentarlo, seguro que no lo conseguirás nunca. Nunca. Nunca. Nunca. ¡NUNCA!

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